Sábado , 24 Junio 2017

Un sueño convertido en pesadilla

Aunque los defensores del socialismo se nieguen a reconocerlo, y promuevan lo contrario, cuando el estado pone sus manos en la actividad económica la gestión se empobrece, estanca o arruina, y por supuesto cuando la economía no funciona, la política no tiene nada que distribuir y termina distribuyendo pobreza.

En Cuba durante más de cinco décadas se ha venido transitando por estos retorcidos caminos, producto a regir un modelo económico de forma vertical y centralizado. A partir del año 2011 el estado cubano ha tratado de marcar un viraje en la dinámica social imperante; introduciendo una nueva política económica, que dio apertura a lo que llaman el trabajo por cuenta propia; permitiendo que los cubanos puedan tener acceso a sus propios negocios, incluso por medio de pequeñas empresas.

La nueva política prediseñada entre otras cosas, permitió absolver a los nuevos desempleados, excedentes de la nómina estatal, en el precario y naciente sector privado.

Este objetivo constituye sin lugar a dudas una tarea casi imposible dada la situación económica que impera en el país, la falta de inversión y liquidez, la deuda exterior, la dualidad monetaria y la falta de infraestructura, nos plantean un escenario de gran complejidad.

Como es lógico; la creación de nuevas empresas demanda un marco legal, así como una política tributaria efectiva.

¿Pero cómo lograr un sistema de impuestos que no desestimule el mercado, y que por otra parte nos permita mejorar, una ya dañada infraestructura de beneficio sociales?

La ley 113 del sistema tributario que entró en vigor este año, arroja un sinnúmero de cuestionamientos, incomprensiones entre la población incorporada por  cuenta propia, al punto de generar desconfianza e insatisfacción.

Con relación al impuesto sobre los ingresos personales; la ciudadana Maritza Pérez Silva, quien posee una licencia que la ampara como arrendatario de vivienda, en moneda libremente convertible (cuc) Argumentó: “resulta extremadamente abusivo e injusto, pagar 150 cuc mensual, tengas o no clientes”

Por otra parte Rafael Rodríguez, que se desempeña como gestor en una agencia de representaciones comerciales, expresó no entender el porqué los cubanos no puedan acumular riquezas. Agregando además “¿Por qué cincuenta mil pesos anuales (cup) es el límite para considerarse rico?  ¿Por qué de todo lo que si ingrese hay que darle el 50% al estado?  Lo que considera un bandidaje abierto, una carga de impuestos excesiva, que lo único que logra es desestimular.

Sobre el tema también acotó Ramón Gonzales Prieto, quien tuvo que cerrar su negocio y entregar la licencia.      “Tenía una cafetería de productos ligeros, donde vendía pizzas y jugos naturales; no podía justificar las ventas por falta de un mercado mayorista que me abasteciera. Y encima la carga de impuestos sobre ingresos personales al cierre del año. Así como el impuesto sobre las ventas y trabajadores; me hicieron quebrar y hasta quedar en deuda con el estado”.

Como se puede apreciar existen sobrados ejemplos, de cómo el mercado informal, aunado a políticas erradas, están haciendo naufragar los programas de estímulos al trabajo por cuenta propia en la isla.

Según datos oficiales emitidos por los organismos tributarios, en Cuba se paga el 50% del ingreso a partir de los dos mil dólares al año.   Definitivamente un impuesto astronómico, que hoy es una enorme pesadilla para el contribuyente y para el pueblo, otro desvergonzado atraco del régimen, que como dice el viejo refrán: la mona aunque se vista de seda, mona se queda.


 

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