Sobrevivientes de la Crisis

Sobrevivientes de la Crisis

Nunca supe lo que era pasar "trabajos", hasta que con sólo 17 años terminé mis estudios y me enfrenté a la vida. Yo, una simple estudiante graduada

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Nunca supe lo que era pasar «trabajos», hasta que con sólo 17 años terminé mis estudios y me enfrenté a la vida.

Yo, una simple estudiante graduada de Informática (la carrera que necesitaba impulsar el gobierno en aquel momento, para abrirse al mundo en materia tecnológica) me adentraba a mi primer empleo en Justicia Provincial como Registradora de Actos de Última Voluntad , y es que, a pesar de contar con un expediente intachable y haber terminado mis estudios con unas notas casi cercanas a un título de Oro, no tuve la posibilidad de ejercer mi profesión en un centro donde se aplicara lo que me enseñaron los maestros poco capacitados de la era anterior a Batallas de Ideas; mis padres, por otra parte, eran simples obreros que no tenían las relaciones necesarias para ubicarme en un puesto de alto nivel.

Fue entonces, en aquellos primeros años, que empecé a desarrollar un síndrome de rebeldía y de frustación; nunca tuve la posibilidad de probarme a mí misma en el ejercicio laboral; sólo esperé a cumplir mi Servicio Social (que es el pago revertido al gobierno por los estudios), y tuve la osadía de enfrentarme a la vida por mi propia cuenta.

Muchas fueron los oficios aprendidos en el camino, nada que ver con lo aprendido en la escuela; recuerdo que mi primer trabajo por cuenta propia, si es que puede llamarse así, fue la confección y venta de croquetas caseras; «la chef del barrio», incluso, todavía hay quienes extrañan aquellas croquetas que por sólo 50 centavos llenaban los almuerzos y comidas de mis vecinos, luego me adentré en otras esferas: reventas de ropa y zapatos, velas, horquillas, entre miles de productos que iba ofertando. Incluso estuve varios años en la Campaña Antivectorial……y hubo un tiempo que perdí toda esperanza de encontrarme a mí misma y de saberme útil.

Han pasado muchos años desde ese entonces, y creo que pude encontrar mi centro de confort, pude lograr ese pequeño sueño que tuve desde niña de poder escribir realmente lo que siento y defender mis ideales de la forma más completa.
Hoy, en Cuba, son muchos los que no han pudido cumplir sus sueños, otros han renegado de su profesión para adentrarse en cualquier sector que sufrague las necesidades elementales. Cualquier concepto se nos queda corto… sólo podemos ser catalogados como SOBREVIVIENTES.