Sábado , 24 Junio 2017
¡Pobre Cuba!

¡Pobre Cuba!

La mujer, de unos 55 años, llega a la puerta de una tienda de El Vedado  y pregunta a qué hora abre. “Dicen que a las 9:30, pero ya son casi las diez y no ha abierto”, responde otra mujer mas joven que espera en el mismo lugar.

¿Tú sabes si hay tinte para el cabello?, pregunta nuevamente la mujer que acaba de llegar. La otra responde: “sí, ayer yo estuve aquí y me dijeron que hoy los comenzarían a vender, por eso vine temprano, no vaya a ser que se acaben, hay tremenda crisis de tinte y ayer casualmente pase por aquí y los estaban acomodando”.

“Yo también quiero comprar uno, mira como tengo las canas, no hay tinte en ningún lugar, así que voy a esperar” comenta  la  mujer.

En ese mismo momento comienza una conversación que resulta más interesante que la de los tintes de pelo. “Yo acabo de salir de una guardia de 24 horas, yo soy medico, cirujana, y ahora salí y me dije: ve a buscar tu tinte de pelo, que tú te mereces andar bonita”, dice riendo con coquetería, al tiempo que se presenta,  yo soy Sandra.

“Lo único que tengo son 10 CUC (equivalente  a unos 8 USD), que me regalaron unos amigos, no es fácil, con lo que yo trabajo, sin embrago  vivo de la generosidad de mis amigos y de mis pacientes, que de vez en cuando me hacen algún regalito en agradecimiento, a mi eso no me gusta, porque yo soy de las que opino que un médico se debe a la salud del ser humano, pero tenemos tantas necesidades  y la gente lo hace de buena voluntad, porque sabe cómo trabajamos y cómo vivimos”,  agrega esta doctora, mientras la otra mujer escucha levantando las cejas y frunciendo el ceño.

Sandra continúa: “Nadie sabe la que pasamos para trabajar, yo hice una guardia de 24 horas, con una comida pésima, tanto es así que tuve que salir a comer algo a la calle, un refresco y un sándwich, gasté lo mismo que gané ayer de salario, porque aunque  me pase la noche trabajando no creas que gané un poco mas, no, nada de eso, gané lo mismo que cuando trabajo de día”, añade.

“Mira, yo soy cirujana, y paso tremenda necesidad, la vida cada día esta mas difícil en este país,  la gente está muy descontenta en la calle, la gente trabaja y trabaja y lo que gana no les alcanza para nada,  los agromercados llenos, sí, pero los precios de los productos son impagables, ya no hay vergüenza”, continua diciendo la doctora. De pronto la otra que también se presenta y dice llamarse María Lorena  le pregunta ¿y usted no ha ido a alguna misión?

“Si, claro, mija, a tres misiones”, dice con énfasis y continúa: “Yo estuve en Angola, en Pakistán y en Venezuela, ni te imaginas esa misión de Pakistán como fue, esa fue terrible,  el frío y el hambre que pasamos, de allá vine enferma y nunca más me he recuperado. De  Venezuela traje muchas cosas que me hacían falta,  pero el contenedor donde las mandé se demoró en llegar como dos años y los zapatos, carteras y otras cosas llegaron podridas, la verdad, no vale la pena, uno se va lejos de la familia, de los hijos, uno se expone a  enfermarse y a otras mil cosas mas, incluso hasta que te maten, y total  no tengo nada, vivo de la bondad ajena”, argumenta la doctora.

Mientras ella hablaba llegaban otras personas a la entrada de la tienda y se sumaban a la conversación. De pronto un hombre que esperaba dijo “mi esposa es médico, fue a Venezuela y le pasó lo mismo, vino enferma y ya no tenemos nada, porque todo se ha ido rompiendo y el dinero se acabó, esa maldita misión solo sirvió para desestabilizar a los niños emocionalmente, nosotros tenemos dos hijos, cuando ella se fue uno tenia 5 añitos y el otro 8, no se imaginan como sufrieron la separación,  pero  teníamos tanta miseria, que tomamos la decisión de que ella se fuera y yo me quedaba con los dos, fueron dos años muy duros, desde entonces ellos viven con el miedo de que su mama se vuelva a ir”, apunta indignado el hombre de unos 45 años, que dice ser ingeniero eléctrico.

“Yo soy ingeniero y dejé el trabajo para sustentar la familia, ahora me dedico a hacer trabajos por la izquierda y así gano diez veces lo que ganaba con el estado,  además, asi mi mujer no tiene que volver a ir a ninguna “misión” de esas, asegura.

“En este país creo que no hay nadie que no haya tenido a un familiar cercano o un pariente cumpliendo misión internacionalista”, dice otra señora que espera, al igual que los demás,  porque la tienda abra cuando ya son pasadas las 10 de la mañana  y el horario de apertura dice las 9:30 am.

“Mi hija fue a Guatemala 4 años, dejo a su única hija conmigo,  después estuvo 2 en Venezuela, se puede decir que no ha visto crecer a su hija, total… para lo que tiene, no tiene dinero, no tienes ropa, ni zapatos, casi todos los equipos electrodomésticos se han roto,  en fin… para mi el saldo es negativo, ahora dice se va para Brasil, y allá es para la selva, vamos a ver si regresa viva, además deja a la niña conmigo de nuevo, yo ahora estoy mas vieja, ya tengo 67 años,  y la muchachita es una adolescente fuerte, está en 11no. grado, es una etapa muy difícil para ella y yo creo que la madre debe estar a su lado, pero no, se va, dice que no soporta la miseria que tiene, que va a ver si trae algo de dinero que la ayude a vivir unos añitos mas…”, afirmó Luisa, como dijo llamarse.

“Nadie sabe la cantidad de médicos y  personal de la salud que vienen con  enfermedades que dejan secuelas, matrimonios destruidos por cantidades, hijos que se han criado con los abuelos o con uno solo de sus padres… el precio ha sido muy alto y todo para poder vivir, yo digo que eso es una violación a los derechos humanos” , agregó otra  mujer relativamente joven que escuchaba en silencio la conversación.

“Los médicos y el personal de la salud cubanos son quienes mantienen la economía de este país, a un precio muy alto, para que otros se llenen de gloria, para  alimentar su ego y querer pasar a la historia como una gran líder mundial a costa de la pobreza y miseria de su pueblo”, argumenta la misma joven.

“Lo peor es que los  que han sacrificado a sus familias, sus vidas, su salud, siguen  viviendo mal,  con salarios miserables, teniendo que inventar para poder vivir, viviendo de los regalos de los pacientes, y me refiero en muchos casos  a médicos con prestigio y reconocimiento, y no les queda mas remedio que aceptar de  los pacientes obsequios como  un  litro de aceite para cocinar o un jabón de baño para bañarse, porque con su salario les resulta imposible comprarlos, es muy vergonzoso”, añade la misma mujer que en un inicio no quiso identificarse.

“El gobierno hace creer al mundo que los médicos cubanos andan por ahí exponiéndose por altruismo puro,   y no digo que los médicos cubanos no sean solidarios, humanos, que nos duele el dolor de esos pueblos a donde vamos, porque yo también soy médico, pero la triste realidad es que lo que nos impulsa a irnos por ahí, al fin del mundo, es la necesidad”, dice con amargura la joven que acaba identificándose también como doctora, al parecer en un arranque de pasión por lo que dice.

En ese momento interviene Sandra, quien intenta poner el punto final al debate porque,  al fin, a las 10 y 30, hay la intención de abrir  la dichosa tienda…. “yo puedo asegurar con todas las de la ley que  si viviéramos como debe vivir un ser humano, no andarían los mas de 22 mil médicos cubanos por el mundo con su familia abandonada,  lejos de su patria, pasando trabajo, cogiendo enfermedades y destruyendo su vida personal…y todo eso por solo por unos miserables dólares, porque el gobierno se lo coge prácticamente todo…” , agrega la joven médico, de unos 35 años.

Cuba mantiene hoy alrededor de 22 mil médicos cubanos en mas de 50 países, cumpliendo “misiones internacionalistas” .  Los últimos países que han solicitado médicos cubanos son Brasil y Ecuador.

“Ahora hay un rumor de que van a aumentar los salarios de los médicos, pero todos son rumores, no se nos ha informado nada oficialmente, dicen que el aumento será el  doble del salario básico, es algo, pero solo eso, algo,  con eso no resolvemos nada, lo hacen en un intento por callarnos la boca, es indignante,  agrega Sandra, la doctora que anda  buscando tinte para su pelo.

“Mire,  pésele a quien le pese hay que reconocer que  los verdaderos héroes de esta terrible contienda que se libra hoy en Cuba somos los médicos, y a cambio ¿qué tenemos?… ¡nada!, solo los dueños del país lo tienen todo, para ellos trabajamos, para que sus hijos, nietos, y toda su parentela viva como viven, como vive la nobleza, sin saber como vive el pueblo. Yo, la verdad ya no creo en nada, nadie sabe hacia donde va este país… ¡Pobre Cuba!, finaliza la conversación la joven médico que nunca quiso decir su nombre, ya entrando a la tienda.


 

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