Jueves , 27 Abril 2017
¿Otra Primavera Negra?

¿Otra Primavera Negra?

Cada progreso en la apertura económica que el gobierno cubano ejecuta desde el 2006, sin prisa y con muchas pausas, va acompañado de un repunte en el uso de la fuerza contra los opositores que exigen el aceleramiento y la integralidad de las reformas.

Dentro del inventario de agresiones que buscan diezmar los esfuerzos por una transición a la democracia, habría que mencionar el caso de la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, ahora sujeta a un proceso penal debido a la sistematicidad e intrepidez de sus acciones.

La acusación por el delito de resistencia a causa de las protestas que realizan semanalmente en las calles aledañas a la sede del grupo, la acerca a un encierro cuya materialización dejaría un precedente a tener en cuenta para valorar en su justa medida la voluntad del régimen en conservar los fundamentos del sistema a toda costa.

Por el momento la medida le coarta su derecho a salir y entrar del país, además de proyectar una advertencia a toda la comunidad prodemocrática de las consecuencias por transgredir los borrosos y movedizos límites de la tolerancia.

Todo indica apenas el comienzo de una escalada que pudiera tener puntos en común con los sucesos acaecidos durante la Primavera Negra, en marzo de 2003.

Solo que esta vez no habría arrestos masivos en pocos días ni exorbitantes condenas.

De hecho el número de detenciones temporales se ha disparado al igual que la cantidad de presos políticos.

El encadenamiento de posturas que le añaden nudos a la realidad nacional, favorecen las observaciones pesimistas de caras al futuro, en especial el que se construye bajo el liderazgo de la vieja guardia del partido.

Basta observar el panorama para convencerse de que el capitalismo que se gesta al calor de la pobreza y la represión será un gran negocio del Estado.

Es obvio que los máximos representantes de la dictadura del proletariado sean más celosos en su afán por proteger las fortunas creadas con sus acaudalados compinches del mundo desarrollado.

Desde ahora se entrenan para garantizar esos escenarios. Berta Soler sabe que no se trata de un augurio pasajero. Tampoco los cientos de activistas que siguen enfrascados en sus luchas a pesar de la impunidad de los represores y la amarga evolución de los olvidos en la arena internacional.

Es de esperar que en los próximos años se acelere el ritmo de las transformaciones económicas.

La pujanza de los actos de repudio y las condenas de cárcel también se incluyen en los pronósticos.

De hecho, ya tenemos sobradas evidencias para intuir que así será.


 

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