Miércoles , 24 Mayo 2017

Otra bravuconería más

El edificio en que vivo tiene 42 apartamentos y tres plantas, la primera ocupada por una tienda de divisas nombrada La Mía, la mayoría del tiempo no se ve a nadie por los pasillos; no obstante el 13 de enero, a las 9 de la noche, por segunda vez desde la última golpiza que recibí el pasado 19 de noviembre, un grupo de unos 8 o 10 vecinos se pararon en la puerta de mi casa para decirme que “no van a permitir más reuniones”. Acto seguido comenzaron un mitin de repudio en el pasillo frente a mi apartamento, con un televisor que sacaron para el lugar y videos, al parecer sobre la oposición y mi persona, para ayudar a lavarles más aún el cerebro e incrementarles los odios.

Desde noviembre para acá que la dictadura decidió no permitir reuniones en mi casa, han llenado los pasillos, la escalera y la pared frente a mi apartamento con fotos de Fidel y Raúl Castro y pancartas con consignas, así como un mural en el que permanece un periódico Granma con una foto mía y palabras ofensivas.

Durante todos estos meses, miércoles tras miércoles, ha estado en la entrada del edificio la policía política, acompañada de la Policía Nacional Revolucionaria y dos o tres de los vecinos que se han parado en mi puerta para impedirle la entrada a las personas que quieren acceder a mi casa e incluso arrestarlas, con la modalidad de dejarlas tiradas lejos de sus residencias.

Esto repetido una y otra vez deja de ser noticia, pero hay un viejo dicho que reza: “tanto da el cántaro a la fuente hasta que se rompe”. Es imposible vivir con el acoso que la policía política tiene sobre mi persona, basado en el hecho de la proximidad de los apartamentos en el inmueble. No puedo prácticamente abrir las ventanas, pues de forma descarada miran para adentro. Tienen tomada un área común que da a mi casa y le han puesto una reja con llave, lo que implica que ni tan siquiera puedo limpiar las ventanas por fuera. Me dejan correr agua por debajo de la puerta de entrada al apartamento, también en la ventana de la cocina que da al patio de uno de los miembros de la Brigada de Respuesta Rápida, solo por señalar algunas de las situaciones que vivo en el día, aunque se sabe que en abril de 2013 me golpearon e hicieron un esguince en mi hombro izquierdo.

A pesar de que el Director Municipal de Salud Pública estuvo en mi casa y ordenó fumigar con un líquido especial para los asmáticos, orientando que no había que volver a hacerlo hasta dentro de 3 meses, que es el tiempo que dura ese producto químico; la vecina que me queda enfrente continúa mandando a echar el humo en el área común, conociendo que he tenido que darme aerosol después de aspirarlo.

He tratado de legalizar mi estancia de 15 meses en este apartamento y no me lo han permitido, so pretexto de que hice reparaciones donde vivía anteriormente que no admiten que la casa sea reconocida en el Registro de Propiedad.

El pasado jueves una de las personas que usualmente está en la puerta los miércoles me empujó a la salida de la tienda de la planta baja, estaba acompañada de dos disidentes que plantean no van a permitir que eso vuelva a suceder sin que tenga una respuesta. He tratado de que no se actúe indebidamente, pero tanta ignominia cansa.

Aunque la policía política utiliza a estos ciudadanos para su fachada teórica, en la práctica son ellos los que usan de la fuerza que tienen para no permitir que se efectúen las reuniones de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, que evidentemente molesta al régimen. ¿A quién van a hacer creer que son los vecinos indignados los que no quieren que nos reunamos?

He solicitado a mi abogada, la doctora Amelia Rodríguez Cala, que eleve un escrito a la Sala de la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial, que nos juzgó con el objetivo de que quede sin lugar mi licencia extrapenal, pues estoy tan presa como cuando estaba en el Manto Negro.

Cuando me fueron a entregar el documento de la licencia extrapenal, el 22 de julio de 2004, estaba presente un oficial de la Seguridad del Estado y otro de Cárceles y Prisiones, antes de tomarlo en la mano pregunté: “¿Esto tiene alguna limitación?” y el oficial de la policía política, que trabajaba como instructor en Villa Maristas, me respondió: “Lo único que no puedes hacer es pisar el césped”.

Si bien es cierto que la mayoría de los que formamos parte de la oposición interna conocemos de cerca lo que significa el hostigamiento del régimen y hemos padecido de él por muchos años, es muy difícil vivir con esta situación las 24 horas del día.

En estos momentos me encuentro sola en Cuba, mi familia emigró en su totalidad y no tendría ni siquiera quien me llevara algo a la prisión, no obstante prefiero estar entre esas rejas, porque estoy bien presa y ahora la diferencia es que también lo estoy sin que tenga un costo político para el régimen, porque lo que hacen una y otra vez, se convierte en más de lo mismo, no solamente conmigo, también con el resto de la oposición y ellos lo saben.

Quizás hay quien piense que una solución sería dejarnos de reunir en esa fecha o aquí en mi casa, pero ceder ese espacio implicaría poner fichas de dominó para que cayeran una detrás de otra y seguir consintiendo otros abusos al régimen, lo que por un problema elemental de principios no es tolerable.

Aunque la mayoría de los miembros de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios que por vivir en La Habana o cerca acuden semanalmente a las reuniones, no ha dejado de hacerlo por esta forma de intimidación, son seres humanos a los que maltratan de palabra y de obra. Un ejemplo de ello es Arnaldo Ramos Lauzurique, uno de los integrantes del Grupo de los 75, que tiene 73 años de edad, y el oficial conocido por el nombre de Camilo lo golpeó y le rompió los espejuelos, aun así se mantiene viniendo todos los miércoles.

Mi decisión está lejos de ser cobardía, porque para estar en la prisión se necesita valor; es una solución a lo que está sucediendo conmigo y con los demás miembros de la organización que dirijo, que aunque parezca repetitivo hace que la vida sea insoportable. Como protesta podría adoptar otras actitudes, como ponerme en huelga de hambre, pero mi estado de salud no va a permitir una tercera muerte clínica.

Formar parte del Consejo de Derechos Humanos es lo que le aprueba al régimen actuar de esta forma con la oposición interna, como siempre con la perorata de que el pueblo revolucionario enardecido es el que no permite a los “mercenarios” actuar; y los “buenos” policías toman posición para evitar que las “masas” le vayan a hacer daño a los que disienten. Así está el país en estos momentos.

La Habana, 14 de enero de 2014.


 

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