Sábado , 24 Junio 2017

Ocho años de maltrato y abandono

La mendicidad resulta una dolorosa mácula en cualquier sociedad del mundo, en la mayoría de los casos son individuos abandonados a su suerte, con la anuencia de sus familiares y también del sistema social en que viven.

En Cuba la gran mayoría de estas personas, que en la actualidad piden limosnas en los portales, vestidos con harapos sucios, no son precisamente sujetos altamente degradados, tampoco se les puede calificar de delincuentes, es cierto que la mayoría de la población los ignora y nadie se detiene a preguntar ¿Qué los conllevó a la degradación y a la indigencia?

Hace poco conocí a una anciana de sesenta y ocho años de edad y limitada física motora, dice haber pertenecido a la Asociación de Limitados Físicos Motores (ACLIFIM) hasta ahora no se considera una mendiga, mucho menos una indigente, ni enajenada mental;  aún cuando en varias ocasiones ha sido arrestada por dormir en las calles.

-Los invito a conocer la historia de la camagüeyana, Lazara Caridad González Benítez-

Desde el año 2005 perdió su vivienda de la calle novena #30, del municipio Vertiente, después que un desastre natural destruyera su precario inmueble.

“Una manga de viento destruyó mi casita, en aquel entonces el gobierno y el partido del municipio me consiguieron un inicio de construcción, viví dos años entre las ruinas. En julio de 2007 se acabó de derrumbar lo que quedaba de la casa y pasé a vivir en una facilidad temporal hasta enero de 2012; fecha en que uno de los jefes del gobierno me pidió que desalojara el área, con la promesa que en tres meses estaría terminada mi casa, viví en casa de los vecinos, en la funeraria, en el cuerpo de guardia del hospital, ya pasaron 22 meses de aquella promesa, sé que estoy condenada a pernotar en las calles, ya no confío en la revolución y en su cínico carácter humanista. Muchas veces me han llevado presa por protestar frente al Consejo de Estado, en una ocasión me ingresaron en Mazorra, tuvieron que darme alta, yo no estoy loca. En los cuarteles de la policía me desahogo diciéndoles la verdad,  al final terminan por soltarme, pues no tienen moral y ni una pizca de vergüenza, con el cuento de una revolución de los humildes y para los humildes, Fidel Castro engañó al pueblo. Me considero una de las tantas personas en este país,  que vive sumida en la angustia, desesperanza y el abandono, es el precio que debemos pagar los cubanos por confiar en los cuentos y mentiras de los que dicen ser revolucionarios”.

Así termina su triste historia la anciana Lazarita, cubana pobre que no tiene donde vivir y ya cumplió ocho años de maltrato y abandono en un país donde la falta de democracia y libertades civiles, engendraron los más altos niveles de corrupción, nepotismo, desigualdad social y pobreza; según la protagonista de esta historia, todavía falta mucho por ver y sufrir.

La Habana, noviembre de 2013. 


 

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