Viernes , 23 Junio 2017

No se funda una nación como se manda un campamento

Con casi un muerto diario desde el 12 de febrero, “Día de la Juventud”, y —según El Nacional del 25-26 de marzo—, sesenta víctimas de tortura y 1.919 detenidos por razones políticas, resulta difícil para la sociedad venezolana acogerse al “Diálogo de Paz” que convoca el alto Gobierno, anteponiendo condiciones inaceptables, como la selección de los participantes opositores, a los que, además, viene endilgándole todo tipo de calificativos denigrantes en todas las tribunas y sus medios de comunicación, abrumadoramente mayoritarios.

A este ámbito de incertidumbre y luego de tres días de receso en las protestas, las voces del oficialismo repiten que el plan del Pentágono y la ultraderecha “está siendo derrotada”; qué fortuna, tener un “Imperio” al alcance de la mano para que cargue con todas las culpas.

Es curioso que mientras el enfebrecido discurso del oficialismo da un claro enfoque político de carácter extraterritorial a la problemática venezolana, el que conocemos como “hombre de a pie” ve las cosas de manera diferente.

“¿Las razones para protestar son políticas?”, he preguntado en las protestas, en el pasillo del metro, en un parque o en una parada de bus. La mayoría de las respuestas son significativas; entre otras, hay cuatro grandes insatisfacciones:

— Escasez de alimentos básicos (leche, aceite, café, azúcar, la tradicional harina de maíz precocida y productos de higiene personal; para resolver esto se estudia la aplicación de un tarjeta de racionamiento o un control de huellas digitales (mediante un dispositivo captahuellas) que impida las compras diarias en mercados gubernamentales, explicó a la prensa el ministro para la Alimentación, Félix Osorio).

— Agobiante inflación, desempleo y salarios bajos (“en el último año los venezolanos vieron un incremento del 56,3% de los precios”, asegura Alfredo Mesa (El País, Economía,12.02.14) y adelanta que la inflación en este país petrolero lleno de riquezas es “la más alta del mundo”).

— Inseguridad creciente, impunidad y hampa desbordada (“24.700 homicidios” tuvieron lugar en Venezuela durante 2014, declaró a Café CNN Roberto Briceño León, del Observatorio Venezolano de Violencia).

— Escasez de medicamentos y deficientes servicios hospitalarios.

Sin embargo, estoy convencido de que todas las anteriores nociones están hilvanadas por un componente político. No se puede conducir la economía con criterios partidistas, no se aumentará la producción de alimentos con decretos, no se puede conducir una sociedad culpando a otro país de la deficiencias internas, ni se resuelven los problemas con una sobresaturación de consignas y una empobrecida jerga de ordeno y mando, como si Venezuela fuera un cuartel. José Martí, “el Apóstol”, advirtió al generalísmo Máximo Gómez que no se funda una nación “como se manda un campamento”.

[Fotos: Rafael Marcano y archivo]


 

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