Sábado , 24 Junio 2017

Dos presos sin asistencia médica

Desde el destacamento de presos enfermos de VIH-SIDA de la prisión  Cerámica Roja, en la provincia de Camagüey,  Vicente Sánchez Mena, de 21 años,  recluido por el delito de peligrosidad social, informa que tiene que ser operado debido a la herida en el brazo izquierdo producto de una riña que tuvo en la prisión el 17 de octubre, pero los médicos le niegan la asistencia médica.

Refiere Sánchez que el 22 de octubre fue ingresado para ser operado en el Hospital  “Amalia Simoni”, de Camagüey, pero los médicos no lo operaron porque según ellos, los instrumentos que tienen que utilizar en la operación son desechables, y no lo tienen en existencia, teniendo que regresar a la prisión.

El 28 del mismo mes fue remitido al hospital provincial para ver si podían operarlo por los fuertes dolores que presentaba, pero le dijeron que no podían atenderlo porque ese caso no les pertenecía. Luego de mucho insistir, le dieron un turno para el día 5 de noviembre, para el especialista de Ortopedia.

En la fecha señalada, no pudieron llevarlo al médico, porque la guagua de conduce tuvo que trasladar a un recluso hacia el tribunal para un juicio oral. Fue llevado al  día siguiente, pero no pudo ser examinado. Le dieron otro turno para el día 12 de noviembre, pero tampoco pudo asistir al turno porque no había carro para llevarlo.

En la prisión de Morón, en la provincia Ciego de Ávila, al preso Naide Sánchez Toledo, de 21 años, del destacamento seis, le  fue cortado el rostro cuando dormía por el preso llamado Reinier. La herida le fue suturada con más de 30 puntos en el puesto medico de la prisión sin condiciones. La herida se le infestó  y los puntos se le abrieron. El preso quedó con el rostro desfigurado. Después de dos días lo llevaron al hospital  provincial, donde  el especialista en cirugía máxilo-facial, le dijo que no podían reconstruirle el rostro porque ya era demasiado tarde.

El reo se ha quedado con el rostro desfigurado y muy inflamado, sin tener asistencia médica.  Su familia tuvo que llevarle las penicilinas que tuvo que inyectarse porque en la prisión no las hay.

Cuando tiene mucho dolor,  tiene que gritar reclamando  asistencia médica. Entonces es llevado caminando  más de dos kilómetros hasta el policlínico.


 

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