Domingo , 25 Junio 2017

Algún día dejará de ser hoy

En el año 2003 fueron sancionados por un intento de salida ilegal del país 11 jóvenes cubanos,  víctimas del deseo de Fidel Castro de dar un escarmiento, los Tribunales cubanos  sumisos a sus órdenes les hicieron un juicio sumarísimo, sancionándolos con penas de: tres muertes por fusilamiento, cuatro cadenas perpetuas y uno a treinta años de privación de libertad. Las tres mujeres con sentencias más cortas, ya están en libertad.

El delito cometido no justificaba dichas sanciones, pero el argumento de que el país vivía circunstancias especiales, fue utilizado por el gobierno para frenar una supuesta ola masiva migratoria.

En el libro  titulado “Cien horas con Fidel” de Ignacio Ramonet, el ex presidente al referirse al secuestro de aviones y lanchas, los califica de piratería y no de terrorismo; sin embargo ellos fueron sancionados por la Ley 93 de 2001, que surgió a raíz de los atentados a las Torres Gemelas, en Estados Unidos de América. Incluso, hasta la propia ley fue violada, ya que en su artículo 20, indica que las sanciones de pena de muerte y cadena perpetua serán impuestas si en la acción hubo muertos o lesionados graves, y no fue el caso.

De esta macabra decisión, desde hace 10 años, cuatro jóvenes se encuentran en la prisión de mayor rigor “Combinado del  Este“, en el área especial 47 (celdas de castigo) cumpliendo una sanción de cadena perpetua y uno en la prisión de Guanajay, extinguiendo treinta años; todos en condiciones infrahumanas y dos de ellos en mal estado de salud. Pasan las 24 horas del día encerrados, sin siquiera salir al sol; su única distracción es un libro, pero como tortura psicológica las golpizas -casi a diario- a los reclusos, y las constantes amenazas por parte del jefe de esta área, mayor Denis. La alimentación es pésima y el agua peor; la atención médica casi inexistente.

Solo en Dios confían, porque los ha defraudado la ley y el poder de los hombres, que les han hecho una mala jugada a ellos y a sus familias. Durante esto diez años han sido objeto de la venganza y la inhumanidad, pero no han visto la justicia por ningún lugar.

Ellos quisieran devolverles  a sus madres la felicidad que un día les arrebataron, aunque uno no la volverá a ver, porque no soportó vivir con el sufrimiento del encierro de su hijo. Les han robado las lágrimas, solo los mantienen vivos y con fuerzas, la razón y la seguridad de que algún día dejará de ser hoy.

La Habana, 5 de noviembre de 2013.


 

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