Miércoles , 28 Junio 2017

La corrupción oficial

El acoso sexual está definido como la manifestación de una serie de conductas compulsivas sexuales dirigidas a una persona sin tener su consentimiento. El perfil genérico del acosador es el de una persona fría, con poco o ningún respeto por los demás. Un acosador es un depredador que puede esperar pacientemente hasta que entable contacto con alguien que le parezca susceptible de molestar, ya que disfruta persiguiendo y dañando de forma psicológica a una persona.

A esta definición se adapta –aunque parezca increíble- el suboficial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) nombrado Abel Martínez Arzuaga, quien fuera sancionado a un año de privación de libertad por el Tribunal Militar Territorial Occidental a cumplir en un establecimiento penitenciario del Ministerio del Interior, por los delitos de abuso lascivo, ultraje sexual de carácter continuado y ultraje sexual.

Pero, además le impusieron la sanción accesoria de privación de derechos -por igual término- al sufragio; a ocupar cargos de dirección y la privación del grado militar consistente en su descenso a soldado. Lo que implica que cuando cumpla el año puede volver a disfrutar de todos estos derechos incluido seguir siendo un policía, aunque con un grado inferior.

No fue fácil lograr que se procediera de forma judicial contra este oficial; desde el 15 de febrero de 2016 se hizo la primera denuncia por parte de Marelis Ramírez Coto y Olga Miriam Hernández Lobaina las víctimas de este hombre de actuar libidinoso, pues en un inicio, según consta en la Sentencia de Casación No.72, fue archivado por la fiscalía. Mientras tanto Abel continúo trabajando como agente de la PNR.  Ellas residen en calle 5ta F No.11819 entre 118 y 120, municipio Playa en la capital.

Lo difícil para las víctimas, después de haber ocurrido los hechos, fue que el acosador estuvo viviendo todo ese tiempo en una casa a pocas puertas de ellas y su familia y tenían que verlo haciendo uso de su investidura. También era visitado –como si nada hubiera pasado- por el teniente coronel Vladimir, que es el segundo jefe de la Unidad de Policía ubicada en la calle 110 y 3ra. en el municipio Playa, pues mantienen un estrecho vínculo personal, que incluye el uso por parte de Abel –como medio de transporte- del auto “soviético” marca Lada del alto oficial, con chapa estatal; al parecer olvidado de los mínimos requerimientos que debe tener un agente del orden que se le subordine.

Pero el 4 de agosto, cuando se dictó sentencia contra este acosador sexual, no terminó la pesadilla de la familia perjudicada, ahora, pasados 6 meses, ya este hombre está en la calle y vuelve a vivir en la misma casa cerca de los afectados. Según ha explicado Abel, se encuentra disfrutando de un pase de la prisión donde cumple su condena. Lo que ha atemorizado sobremanera a sus víctimas.

La Habana, 14 de febrero de 2017


 

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